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Creo que cuando empiezas a estudiar en una escuela de periodismo crees que vas a ser periodista.
Creo que cuando sales de esa escuela de periodismo, eres algo que no te puedes creer.
Creo que se puede trabajar en muchas cosas que no son las que verdaderamente te llenan.
Creo que siempre ha de llegar el día en que consigas un curro que en buen rollo te robe el alma y no te genere una obligación, sino un vínculo.
Creo que haber hecho varios posgrados y conocer al menos dos idiomas me ha hecho más culta, pero no más grande.
Creo, por el contrario, que he crecido cada vez que he conocido a alguien nuevo y, me guste o no, he pactado con su forma de comprender el mundo.
Creo que en el camino descubres pasiones que incumplen la promesa de hacerte profesional, pero te premian haciéndote más humano, tan humano, que terminas deseando que todo lo que te rodea lo sea en su sentido más puro.
Creo firmemente que las personas son fascinantes.
Creo, por lo anterior, que las marcas se deben comportar como las personas si quieren ser encantadoras y conseguir compromisos.
Creo que de nada sirve tener un equipo creativo que intente ver cómo se comporta una marca cuando, en el fondo, el comportamiento es la manera en que se expresan los sentimientos y los sentimientos son algo que el papel no siempre aguanta.
Creo entonces que un buen creativo es el que, primero que nada, enseña a las marcas a sentir y luego aprende cómo sienten y se lo cuenta a sus amigos boca a boca y al mundo tuit a tuit.
Creo en el Social Media como una prótesis para los brazos de la vida y creo en todo aquel que se atreva a extender la suya 140 latidos cada 140 caracteres.
Creo en el fracaso de los que piensan que ser Community Manager es sentarse con una Blackberry a tuitear desde el mesón de su cocina.
Creo en el fracaso de las marcas que pretenden hablar siempre de sí mismas.
Creo que el Twitter lo hace la gente y creo más en quienes lo escriben a su modo (tuiter, tuirer, tuita) que en aquellos que se devanan los sesos aprendiendo a escribirlo como viene.
Creo en las ganas más que en la experiencia, porque no hay libro que explique lo que puede lograr el corazón del hombre.